En San Antonio, Cartagena, Santo Domingo o El Quisco casi todo se resuelve hoy desde el celular. Se arrienda la cabaña para el verano, se compra el pasaje del bus a Santiago, se paga la cuenta de la luz y se coordina el trabajo en el puerto por WhatsApp. Esa comodidad trajo consigo un tipo de engaño que se repite cada vez más en la zona, el de quienes se hacen pasar por una empresa, un banco o un arrendador para conseguir lo más valioso que tiene una persona en internet, una foto de su carnet de identidad.
Los engaños más comunes en la zona
El caso clásico del litoral es el arriendo de temporada. Aparece una casa frente al mar a un precio muy conveniente, el supuesto dueño responde rápido y, antes de mandar las fotos o la dirección exacta, pide una copia del carnet «para el contrato» y un abono para reservar. Cuando la persona llega a Algarrobo o a Las Cruces, la casa no existe o pertenece a alguien que nunca publicó ningún aviso.
Otro engaño frecuente llega por mensaje de texto o por correo. Imita a la distribuidora eléctrica, a una empresa de envíos o al banco, avisa de un corte de suministro, un paquete retenido o una cuenta bloqueada, y lleva a un sitio que pide el RUN, la foto del documento y una selfie para «validar la identidad». Justo cuando en el Congreso se discute una mayor fiscalización en las cuentas de luz, los estafadores aprovechan la preocupación de la gente por esos cobros para hacer más creíbles sus mensajes.
También crecen los falsos ejecutivos que llaman por teléfono, conocen el nombre de la persona y algunos datos básicos, y piden que les manden el carnet por WhatsApp para «actualizar» una cuenta. Con esa imagen pueden solicitar un duplicado del chip del celular, recibir los códigos de seguridad del banco y vaciar una cuenta en pocas horas.
Cómo reconocer una verificación legítima
Que una aplicación pida el carnet no es, por sí solo, una mala señal. Muchas plataformas lo hacen justamente para proteger a sus usuarios. La diferencia está en cómo lo piden. Un proceso legítimo se hace dentro de la aplicación oficial o de su sitio web, con el documento fotografiado en el momento y no subido desde la galería, y casi siempre incluye una prueba en vivo frente a la cámara.
Además, la empresa detrás tiene nombre, dirección y canales de atención reales, y explica por escrito para qué usará el documento. Nadie serio pide el carnet por un chat privado, por teléfono o a través de un enlace que llegó sin haberlo solicitado.
Hay sectores que hicieron de esa verificación una parte central de su servicio. En Skokka, por ejemplo, quienes publican avisos de escorts en Valparaíso deben acreditar su identidad y su mayoría de edad antes de que el perfil quede visible, un filtro pensado para que quien revisa esos anuncios sepa que la persona existe y es quien dice ser. Es el mismo principio que hoy se debate para las redes sociales, validar a los usuarios sin que su información termine circulando por cualquier lado.
Qué hacer si ya enviaste tus datos
Si después de mandar el carnet algo no cuadra, lo importante es actuar rápido. El primer paso es bloquear el documento en el Registro Civil, un trámite que se puede hacer en línea con ClaveÚnica o llamando a su número de atención, y que impide que se use para nuevos trámites mientras se obtiene uno nuevo.
Después conviene avisar al banco y a la compañía de teléfono para que pongan una alerta ante cualquier solicitud de crédito o de duplicado del chip, y cambiar las contraseñas de los correos y las aplicaciones más importantes. Guardar capturas de las conversaciones, los números de teléfono y los enlaces recibidos sirve para hacer la denuncia en la PDI o en Carabineros, y si hubo un cobro o un producto de por medio, también se puede presentar un reclamo en el SERNAC.
Pequeños cuidados para el día a día
Hay hábitos que ayudan a no llegar a esa situación. Desconfiar de los precios demasiado bajos en arriendos y ventas, pedir una videollamada antes de pagar cualquier reserva y buscar el nombre del arrendador o de la empresa en internet son filtros simples que evitan buena parte de los engaños. Nunca está de más escribir directamente a la empresa por sus canales oficiales cuando llega un mensaje alarmante, en lugar de tocar el enlace que trae.
En una zona donde todos se conocen, la recomendación que más funciona sigue siendo la de siempre, comentar la situación con alguien de confianza antes de entregar cualquier dato. Muchas estafas se caen solas cuando una segunda persona mira el mensaje con calma y nota lo que la prisa no dejó ver.


